Queen Symphonic Rhapsody en Teatro Nuevo Apolo (25-09-2013)

queen-symphonic-rhapsody-en-vivo-1956-zoomComo viene siendo habitual los últimos años, el nombre de Queen vuelve a estar de actualidad. Esta vez se trata de la cuarta edición del espectáculo Queen Symphonic Rhapsody, en el que se promete un espectáculo como nunca lo habías visto, y desde luego que nunca se había visto así.

Aquellos que no conocían éste último experimento de Queen seguramente sintieron confusión al ver el inicio del espectáculo. Tras unos cuantos minutos de retraso caen las luces y las primeras notas empiezan a sonar. Una serie de imágenes un tanto abstractas empiezan a reflejarse sobre el blanco telón que esconde el escenario. Es la soprano Graciela Almendáriz la encargada de abrir un extraño set-list con una adaptación de Innuendo, canción que Freddie Mercury nunca llegó a interpretar en directo. La canción avanza y parece que estemos asistiendo a un karaoke profesional, ya que aún no hay rastro visible ni de la One World Symphonic Orchestra ni de la Rock Band. Ni siquiera al llegar a ese interludio flamenco que tanto caracteriza a la canción parece que la cosa cambie. Graciela permanece casi en el mismo lugar hasta el final de la canción, que abandona el escenario entre aplausos como si de un talent show se tratara. Llega el turno del alemán Tommy Heart, un curtido cantante de rock que aparece disfrazado de rockero. Interpreta Under Pressure sin dejar de sonreír mientras dedica gestos de tipo duro a un público que aún no tiene muy claro de qué trata el show. Finalmente sale del escenario sin que nada cambie y sin ver aún a la banda.

Llega el turno de Michelle McCain, que hace su aparición por el pasillo de la platea. Consigue subir al escenario con la ayuda de un asistente y ante la atención de más de uno que pensó que no lo conseguiría, y mientras interpreta Somebody to Love el telón se abre y por fin podemos ver a la orquesta. El público parece animarse, por fin parece un concierto, aunque ni las luces ni las imágenes proyectadas sean tan impresionantes como anunciaba la publicidad.

Pablo Perea, ex líder de La Trampa, aparece de forma muy enérgica y con el apoyo de alguna que otra fan, terminando así de presentar a la banda al completo.

Durante la primera mitad del espectáculo, los cantantes aparecen por turnos y a veces por parejas, aunque parecían no conocerse. Entre las canciones que interpretan encontramos un repaso a toda la discografía de Queen; no faltan los temas clásicos y más conocidos como Don’t Stop Me Now, A Kind Of Magic, Crazy Little Thing Called Love o I Want to Break Free, en la que un femenino Pablo Perea ligero de ropa mendigó unas risas y aplausos casi obligados. También sorprendieron con temas menos esperados como I Was Born to Love You o Death on Two Legs, cuya proyección no fue la más acertada al introducir imágenes políticas orientales (la canción originalmente fue dirigida a la primera discográfica de la banda y sus problemas con ella).

Aunque los cantantes animan a bailar y a dar palmas, el público sigue estando en un teatro, por lo que el concierto de rock que se pretende no llega a ser del todo real. Más bien resulta un recital un tanto snob.

A la vuelta del descanso abrieron con Breakthru, otro tema que la banda nunca interpretó en directo, ante la sorpresa de los que creían que el setlist sería el típico.

Graciela Almendáriz regresó para interpretar Barcelona, una canción que ni siquiera es de Queen y metida con calzador para que la soprano pudiera lucirse. Tampoco tuvo mucho sentido Don’t Try so Hard, tema menor de Queen que sólo los más fans parecían conocer. Durante la segunda parte del espectáculo e interpretando a medio gas los  principales hits del grupo como Bohemian Rhapsody, I Want it All o We are The Champions, el nivel del espectáculo fue en decadencia. Mención aparte merece la canción We Will Rock You, estandarte de la banda que interpretaron tres veces ante el asombro (y aburrimiento) de gran parte del personal que ni siquiera se levantó a aplaudir cuando decidieron cerrar el espectáculo con un medley de canciones de Elvis que no hacía ninguna falta en un espectáculo homenaje a una banda con éxitos de sobra. Los cantantes animaban a bailar, pero las danzas entre butacas siempre resultaron algo ridículas.

Lo mejor: la orquesta, el guitarrista y la voz de Tommy Heart.

Lo peor: la proyección de imágenes sin ritmo ni sentido, un juego de luces un tanto pobretón y la escasa química entre los cantantes. En definitiva, un escenario de teatro muy poco aprovechado.

La gallina de los huevos de oro sigue produciendo, aunque más le vale seguir ganando adeptos, los viejos fans pueden empezar a hartarse.

Roberto Coscoñas G.

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